jueves 11 de septiembre de 2008

De Jesús, Marvin Gaye y Onces de Septiembre


Hoy es 11 de septiembre y nos guste o no se trata de una fecha cargada. A partir del 11 de septiembre de 2001 a los gringos les cambió su forma de ver y sentir el mundo, y el resto del mundo comenzó a sentirse un poco más inseguro. Para los chilenos el 11 de septiembre de 1973 significa un hito controvertido. Ya sea que se celebre el día en que Chile salvó su destino o ya sea que se conmemore la apertura de 17 años para el olvido, es innegable que nuestro 11 de septiembre aun divide aguas en el ámbito político, en el social e incluso en las más profundas relaciones humanas.
Es curioso (o probablemente está absolutamente calculado) pero la lectura de la Biblia de hoy, jueves 11 de septiembre de 2008, nos muestra a Jesús diciendo “amen a sus enemigos, hagan el bien a quienes los aborrecen…”. Hace dos mil años decir eso públicamente significaba hacer una revolución. Hoy esas frases son tan clichés como insignificantes pero, ¿cuántos atentados nos hubiéramos evitado, cuántas invasiones se hubieran esfumado, cuántos reportajes que hablan de terror, muerte, disputas y divisiones no hubiésemos tenido que ver?

Estoy convencido de que la paz no se trata de grandes procesos y visiones ancestrales. La paz se trata de pequeños esfuerzos personales, se trata de actitudes individuales que se manifiestan en un apretón de manos y un abrazo reconciliador y no en encendidos discursos o convenios multilaterales. La paz se trata de poner la otra mejilla para que no existan más onces de septiembre.
Mientras escribo esto no pienso en canciones de John Lennon o consignas de Bono. Podría hablar de “Todos Juntos”, de “Imagine”, de “Blowin’ In The Wind” o “I Had A Dream”, pero la verdad es que no puedo dejar de pensar en “What’s Going On”, el disco que mostró la otra cara de Marvin Gaye.
Marvin Gaye es uno de los más talentosos representantes del Soul y tal vez una de las voces más grandes de la historia de la música. Proveniente de la factoría Motown, el hijo del reverendo Gaye no solo participó en la producción en serie de hits radiales sino que redefinió el sonido Soul incorporando los más variados elementos sonoros y temáticos.
El año 1971 aparece su autoproducido disco “What’s Going On”, un disco casi conceptual que muestra la cara más espiritual e inquieta de Marvin Gaye a través de excelentes canciones soul con tintes percusivos, clásicos y jazzíticos.
Tal vez Marvin Gaye no tenía en mente las cosas que he dicho sobre fechas y lecturas bíblicas pero desde que empecé a escribir estoy escuchando la voz de Marvin Gaye en la canción “What’s Going On” llamando a su madre y a sus hermanos a encontrar la manera de cambiar todo esto.

miércoles 13 de agosto de 2008

Philip Seymour Hoffman: El Actor Total




Tengo un amigo acá en Coyhaique que tiene la colección personal de películas más grande que haya visto y afortunadamente tiene la buena voluntad de prestar sin exigir nada cambio (nada más que la devolución por supuesto). Entre esos préstamos me he llevado buenas sorpresas con el cine independiente-gringo-con-actores-famosos, género al que podría pertenecer “Before The Devil Knows You’re Dead” (…al morir tienes 10 minutos para estar en el cielo antes que el diablo sepa que estás muerto…). No es la mejor película de las que me prestó mi amigo pero es un peliculón y me motivó a escribir estas líneas por la actuación de Philip Seymour Hoffman, el gordito que hizo de los papeles secundarios una oportunidad para robarse la película.
Hace algunos años vi “Mi Novia Polly” que no es la gran cosa pero ahí confirmé que Philip debe ser uno de los mejores actores vivos en el cine actual. ¡Que actuación soberbia!, creo que es de los personajes de comedia más notables que me ha tocado ver. Me acuerdo y me río. Dicen que hacer reír es más difícil que hacer llorar, que la comedia es más compleja que el drama y que por lo tanto los que logran sacar carcajadas son enormes artistas. No se cuál será el coeficiente intelectual de Chaplin, Cantinflas, Chespirito, Seinfeld o el de Coco Legrand pero estoy seguro de que son tan inteligentes como el mismísimo Einstein. Bajo ese punto de vista Philip Seymour Hoffman es un genio.
Pero además estamos hablando del actor que hizo a uno de los mejores villanos de los últimos tiempos en “Misión Imposible III” (de seguro la mejor de las misiones imposibles aunque eso no sea mucho decir), estamos hablando del actor que ganó un merecido Oscar por su interpretación del escritor Truman Capote en “Capote”, estamos hablando del actor que personificó a Lester Bangs en “Almost Famous” y a tantos otros en “Magnolia”, “Boggie Nights”, “Cold Mountain” y un largo etcétera.
Philip Seymour es un actor de amplio registro, es de aquellos que se suelen llamar versátiles, es el que juega en toda la cancha como el Johan Cruyff del fútbol total y se pone el uniforme que le pasen usándolo con propiedad. Por eso, Philip, te mereces un cupo en el cielo, y que el diablo ni se entere.

jueves 12 de junio de 2008

Flaco's Blues


Creo que descubrí el Blues, concientemente, como a los 12 años por un casete de Jimi Hendrix. Si Led Zeppelín, los Rolling Stones y todos los grupos que yo escuchaba reconocían sus raíces en el Blues algo me estaba perdiendo. Así que me compré “Blues” de Hendrix y fui descubriendo a Muddy Waters, B.B King, John Lee Hooker y de ahí a cuanto blusero hubiera en el mundo. Había algo en esa música que me enganchó enseguida. Era sencilla pero había mucho de talento instrumental; era triste y desgarradora de una manera salvajemente llena de energía. Era como si, por ejemplo, Jimmy Page se vaciara a sí mismo en Since I’ve Been Living You.
Luego supe de qué se trataba todo eso y aprendí que los lamentos desenfrenados tenían su origen en los campos de algodón norteamericanos, donde los esclavos solían relatar sus penurias al ritmo de sones sincopados que luego pasarían a ser conocidos como Blues. Y de ahí a apurar los tiempos para hacer rock and roll.
Como yo tocaba la guitarra, me pegaba a los parlantes de la radio para tratar de aprender de oído los solos y riffs de la música que fui consiguiendo y soñaba con poder reproducir algo de eso que escuchaba al igual que miles de cabros lo hicieron y lo siguen haciendo. Supongo que por ahí parte la mayoría.
El Flaco Artigas es un gran personaje que conocí en la infancia y con el que comparto, entre otras cosas, el gusto por la música. Flaco Rock & Roll, como le llaman, terminó su cuarto medio, siguió estudios universitarios que poco tienen que ver con las artes musicales, sacó un título e incluso va por más curriculum académico. Pero nunca, nunca dejó la guitarra. Ha armado bandas, ha tocado solo, a dúo, ha grabado cintas caseras y hoy se le puede ver tocando y cantando en bares, festivales de Blues y encuentros musicales. El Flaco ha ido desarrollando, a su manera, el sueño de ser músico.
El Flaco toca Blues y lo toca con mucho Blues, no sé si me explico. No tiene para nada el aspecto de un esclavo de campo de algodón ni tampoco sus historias tristes. Pero toca con la misma pasión. Y es que hay algo en el Blues que lo hace identificable en toda la raza humana. No hace falta ser esclavo para que esta música te cale los huesos, basta con pertenecer a la raza humana a veces errante e imperfecta. Cumpliendo ese requisito base habrá que sensibilizarse un poco y desarrollar algún talento para tocar como lo hacían estos que yo escuchaba en mi radio a los 12 años. Para tocar como toca el Flaco.

P.D.: Para mayor información, dense una vuelta por http://www.alejandroartigas.com/ o http://www.delamaza.cl/ , por ahí me parece que hay algo de música del Flaco.

jueves 8 de mayo de 2008

Me Gusta Un Poco La Gasolina


Tengo un problema con las “cosas”. A medida que uno tiene cosas se va haciendo esclavo de las cosas. Está bien, hay cosas que son necesarias, pero no me gusta depender de las cosas. Por ejemplo, antes no tenía microondas y vivía feliz, pero ahora me compré uno y es cierto que es una gran ayuda pero si se me hecha a perder me muero de hambre. Ni hablar del celular. Y aun así, la gente sigue sumando cosas. Y yo también. Me compré mi primer auto, un jeep suzuki samurai rojo del año 98. Supongo que es un paso importante, por lo menos la gente siempre se acuerda de su primer auto como algo importante. Ahora, yo que casi fui un ciclista furioso, seguramente voy a ser esclavo de mi auto y me va a gustar demasiado la gasolina.
Pero mientras esperaba mi turno en el Registro Civil para hacerme dueño del bólido se me vinieron dos canciones a la cabeza: “Drive My Car”, del disco Rubber Soul de los Beatles; y “I’m In Love With My Car” del disco A Night At The Opera de Queen.
Los dos son tremendos discos de tremendos artistas, así que mientras tarareaba las canciones supe que no estaba haciendo algo tan malo. Si John Lennon, en plena explosión creativa de su banda, consideró importante invitar a una chica a manejar su auto para ser una estrella, quiere decir que es un asunto importante. Y si Queen, esta vez en la voz de Roger Taylor, quiso hacerse un espacio entre Rapsodia Bohemia y Love Of My Life para hablar de la máquina de sus sueños, pues bien, tal vez no es tan malo ser esclavo de la máquina. Y si, baby, you can drive my car.

miércoles 5 de marzo de 2008

Bob Dylan en Coyhaique





Este artículo se resume en la siguiente frase: Bob Dylan viene a Chile y no voy a estar ahí.
Desde hace algunos meses me encuentro trabajando en Coyhaique, XI Región Chile. Tengo un próspero negocio de golosinas consistente en un carro de algodones en el centro neurálgico de Coyhaique y otro carro ubicado en la plaza del pionero con variados caramelos tales como mediahoras, kegoles, calugones pelayo y dulces Arcor de todo tipo. Me va bien, no me quejo. Siento que he colaborado con algo a Coyhaique y que vivo endulzando los corazones de la gente por poca plata. El problema es que me he visto envuelto en un asunto con Impuestos Internos lo que me obliga a estar en una audiencia el día 11 de marzo de 2008, para “regularizar mi situación”.
Ese mismo día, a 1500 Km. de distancia, en el Arena Santiago va a estar Bob Dylan por segunda vez actuando en Chile.
He visto a Bob Dylan en vivo dos veces. Una vez el 98 en Santiago y otra vez el 2004 en Praga. En mi vida he asistido a buenos espectáculos, grandes conciertos pero el que más me emocionó y hasta ahora mi mejor concierto fue ese del 98 en que don Bob, cuando mucho, nos dijo “hola” y “gracias”.
Es cierto, me gusta Bob Dylan, me gustan sus canciones, sus letras y como ha llevado su carrera artística. No soy un dylanita (como se les llama a los fanáticos de Dylan). No tengo todos sus discos, ni sus libros y todavía no digo ni hago “lo que Bob Dylan haría o diría en mi lugar”, pero soy un seguidor. He ido escuchando tardíamente sus evoluciones musicales y he notado cómo, para su pesar, fue marcando hitos en la cultura popular.
No es el momento ni el lugar para escribir una biografía de Robert Allen Zimmerman, este es el lugar y el momento para lamentarme por no estar presente el 11 de marzo en el Arena Santiago cuando Bob Dylan tome su guitarra y comience a balbucear melodías históricas.
Si mi negocio prospera y Dylan no se muere antes, espero viajar a verlo algún día en algún lugar del mundo pero mientras tanto esto es lo que pienso hacer el 11 de marzo: en un acto mundano y banal voy a realizar mi propio día dilanístico. Voy a realizar mis propias selecciones de Dylan mezclando épocas y estilos, fusionando trilogías: la del “Bringing it All Back Home”, “Highway 61 Revisited” y “Blonde on Blonde”; y luego la del “Time Out Of Mind”, “Love And Theft” y “Modern Times”. Voy a hacer una revisión completa del gran disco del 74’, “Blood On The Tracks” tratando de acordarme de todas esas veces que lo escuché por alguna ocasión especial.
Al llegar a mi casa voy a tomar mi guitarra y mi harmónica para cantar “Just Like a Woman”, “A Hard Rain's A-Gonna Fall”, “It´s All Over Now, Baby Blue”, “Ring Them Bells”, “Like A Rolling Stone” y las que se me vengan en el momento.
Luego voy a poner en mi DVD “Las Huellas de Dylan”, el documental español que me regaló mi proveedora de azucar para los algodones. Y voy a culminar mi día con el documental de Martin Scorsese, “No Direction Home”.
Finalmente, mientras escuche "Forever Young",voy a dormir pensando que Bob Dylan estuvo en Coyhaique.

viernes 15 de febrero de 2008

Quizás Porque Es 14 De Febrero


Algunos años atrás me encontraba disfrutando de la noche estival en un balneario de la zona central de mi país. A esa hora y en esos lugares abundan (o abundaban) los guitarristas llamados “fogateros” que con alguna cancioncita sacada del cancionero de feria amenizaban la noche. El asunto es que por ahí vi algo muy particular: uno de estos seres le dedicaba a su novia una canción de amor especialmente compuesta. Cual fue mi sorpresa al escuchar el riff de “Fade To Black” de Metallica. Sorpresa por el descaro del falso compositor y por la curiosa elección.
Todos estos devaneos surgen por el 14 de febrero, Día de los Enamorados. Y es que me parece que no hay mejor regalo que una buena canción, cantada, bailada, dedicada, escrita, o como venga.
Canciones de amor deben haber millones porque es una emoción básica, a flor de piel y universal. El mismo fenómeno ocurre con las canciones de desamor que son aquellas que hablan de corazones destrozados y sueños truncados. Esas llegan aun más adentro y uno realmente puede sentirse al otro lado del micrófono usando las mismas palabras del artista.
En fin, podría hacer una lista de las que hoy me parecen las mejores canciones de amor pero voy a ser un poco más preciso y, ya que estamos hablando de fogatas, voy a elegir para este 14 de febrero la canción de Sui Generis titulada “Quizás Porque”.
Es una canción sencilla, de poco más de dos minutos y extremadamente hermosa. Probablemente hay otras canciones de prosa alambicada o palabras precisas que describen mejor la naturaleza del amor verdadero pero en los versos de la canción de García y Mestre se esconde el más puro sentimiento del amante. “Quizás porque no soy de la nobleza puedo nombrarte mi reina y princesa y darte coronas de papel de cigarrillo, quizás porque no soy gran negociante no pido nada a cambio de darte lo poco que tengo, mi vida y mis sueños”.
Bueno, esa es mi sugerencia y mi regalo para este Día de San Valentín. Para usted.

lunes 7 de enero de 2008

El Próximo Año




Acaba de pasar un año más. No es que el clima cambie radicalmente ni se den vuelta los hemisferios. Salvo el cambio de calendario y la cuasi obligación social de tener que pasarlo bien, el 31 de diciembre es exactamente igual al 1 de enero y no hay que ser un genio para darse cuenta de que es como cualquier día del año. Pero lo cierto es que la fecha sirve para marcar una diferencia o para hacer un alto tal como se hace en los cumpleaños y en general en todas las fechas conmemorativas. No me gusta la idea de hacer resúmenes mentales pero lo que hago casi siempre cada último día del año es pensar en cómo estaba un año atrás, básicamente ver si estoy mejor o peor y luego ponerse una que otra meta para el otro año.
Estaba en esto cuando me acordé de una canción de Jaime Cullum del disco “Twentysomething”. Jamie Cullum pertenece a aquella generación de jóvenes músicos como Norah Jones o Michael Bublé que reviven viejos clásicos del jazz con toques de música pop actual. Ha versionado por igual a Cole Porter, Jeff Buckley y Jimi Hendrix, reconoce influencias de Frank Sinatra y Nat King Cole y sus shows destacan por su histrionismo. A la fecha ha grabado tres discos con mucho éxito en el mundo entero, pero es precisamente Twentysomething el disco que lo lanzó a la fama.
De ese disco es la canción Next Year, Baby que se me vino a la cabeza en estas fechas de fin de año. La letra habla de una serie de buenos propósitos que se hacen para el “próximo año” como tomar menos cerveza, no andar contra el tiempo, aprender a cocinar, levantarse a horas decentes, leer más libros, en fin, empezar de nuevo. Pero claro, son propósitos porque ¿se harán realmente todas esas cosas? Probablemente no.
Tiene su historia esta canción. Cullum andaba encantado con una chica a la que nunca se atrevió a hablarle ni menos a invitarla a salir. Entonces, valiéndose de sus dotes artísticos, le compuso una canción que fue mucho más efectiva que cualquier cita. Y es que Next Year se trata de una canción de amor ya que, aunque no se cumplan los propósitos, Cullum sabe que por lo menos tiene que decir, a pesar de sus miedos, “cómo se ha sentido todos estos años”, es decir, cómo ha sido su vida sin esta chica todos los años anteriores. ¿Se entiende?
Finalmente tal como dijo el mismo Cullum, la canción terminó siendo mucho más interesante que la cita por lo que la relación no llegó a más y poco me importa porque es una canción, no más que eso pero me recordó ciertas cosas que hay que hacer y decir aprovechando las fechas.