
Tengo un problema con las “cosas”. A medida que uno tiene cosas se va haciendo esclavo de las cosas. Está bien, hay cosas que son necesarias, pero no me gusta depender de las cosas. Por ejemplo, antes no tenía microondas y vivía feliz, pero ahora me compré uno y es cierto que es una gran ayuda pero si se me hecha a perder me muero de hambre. Ni hablar del celular. Y aun así, la gente sigue sumando cosas. Y yo también. Me compré mi primer auto, un jeep suzuki samurai rojo del año 98. Supongo que es un paso importante, por lo menos la gente siempre se acuerda de su primer auto como algo importante. Ahora, yo que casi fui un ciclista furioso, seguramente voy a ser esclavo de mi auto y me va a gustar demasiado la gasolina.
Pero mientras esperaba mi turno en el Registro Civil para hacerme dueño del bólido se me vinieron dos canciones a la cabeza: “Drive My Car”, del disco Rubber Soul de los Beatles; y “I’m In Love With My Car” del disco A Night At The Opera de Queen.
Los dos son tremendos discos de tremendos artistas, así que mientras tarareaba las canciones supe que no estaba haciendo algo tan malo. Si John Lennon, en plena explosión creativa de su banda, consideró importante invitar a una chica a manejar su auto para ser una estrella, quiere decir que es un asunto importante. Y si Queen, esta vez en la voz de Roger Taylor, quiso hacerse un espacio entre Rapsodia Bohemia y Love Of My Life para hablar de la máquina de sus sueños, pues bien, tal vez no es tan malo ser esclavo de la máquina. Y si, baby, you can drive my car.
Pero mientras esperaba mi turno en el Registro Civil para hacerme dueño del bólido se me vinieron dos canciones a la cabeza: “Drive My Car”, del disco Rubber Soul de los Beatles; y “I’m In Love With My Car” del disco A Night At The Opera de Queen.
Los dos son tremendos discos de tremendos artistas, así que mientras tarareaba las canciones supe que no estaba haciendo algo tan malo. Si John Lennon, en plena explosión creativa de su banda, consideró importante invitar a una chica a manejar su auto para ser una estrella, quiere decir que es un asunto importante. Y si Queen, esta vez en la voz de Roger Taylor, quiso hacerse un espacio entre Rapsodia Bohemia y Love Of My Life para hablar de la máquina de sus sueños, pues bien, tal vez no es tan malo ser esclavo de la máquina. Y si, baby, you can drive my car.
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