jueves, 27 de diciembre de 2007

Sentado con John Lennon


Estoy varado en el aeropuerto de Balmaceda en Coyhaique, XI Región, escuchando John Lennon en mi iPod. Watching The Wheels.
Estoy aquí esperando que arreglen un desperfecto técnico y al parecer tengo para rato. Mucho rato.
Hace mucho rato también John Lennon estaba vivo, caminando en Nueva York rumbo a su departamento en el edificio Dakota luego de una sesión de grabación de lo que iba a ser el sucesor de “Double Fantasy”. Sería su última sesión porque a pocos pasos de su residencia newyorkina un tipo llamado Mark David Chapman (ojo que siempre son dos nombres) le disparó cuatro balazos dándole muerte a las pocas horas. De eso hacen ya 27 años. Y yo estoy aquí en Balmaceda, la reina de los vientos rindiéndole un pequeño homenaje personal.
Tengo un tema con John Lennon. El solo hecho de ser una de las cabezas creativas de los Beatles lo convierte en un genio. Ahora, creo que Paul McCartney fue mejor compositor pero John Lennon tiene un aura de misticismo que agiganta su figura. McCartney es más soso, un personaje menos atractivo. Por algo es más fácil encontrarse con poleras con estampados de Lennon que de los otros beatles.
Ese mismo misticismo se debe en parte a su cruzada por la paz, donde a mi juicio “peinó la muñeca” en demasía. Debo confesar también que me molesta un poco Yoko Ono. Lo siento Sra. Yoko, nada personal.
Pero a pesar de todo eso tengo que decir que tiene canciones memorables. Ese concepto de canción entendida como pequeñas suites que te pueden cambiar la vida, esa sensibilidad pop que tienen algunos iluminados.
Me imagino a John Lennon en el aeropuerto, a la espera de un vuelo retrasado, watching the wheels. “La gente piensa que soy un flojo por soñar mi vida” decía John Lennon en 1980, pero él sólo se sentaba a mirar las ruedas, girar y girar, realmente le encantaba. Hay alguna filosofía en eso, sencilla y antigua, pero una buena filosofía. Un montón de gente que te da consejos, que te advierte, y al final basta con sentarse a mirar la ruedas girar, no hay problemas, hay soluciones.
Yo sigo aquí esperando, sentado mirando el viento en la pampa, no me queda otra y me viene bien eso de soñar mi vida, de sentarme a mirar por ahora mientras sigo escuchando a John Lennon.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Chicas Hermosas

Hay una escena monumental por su sencillez y claridad. Willie está sentado en el suelo con su amigo Moe tomando unas cervezas, solos en un salón de pool en lo que fue una fiesta sorpresa. Moe le recrimina a su compañero su inmadurez para enfrentar las relaciones de pareja. La conversación tiene toda la claridad y profundidad que puede tener una de borrachos, pero en un chispazo de lucidez y en medio de un profundo silencio Willie se excusa diciendo: “I just want something beautiful”; a lo que Moe responde: “We all want it”.
La escena corresponde a una de las películas favoritas de este Sgto. llamada “Beautiful Girls” del director Ted Demme. A pesar de su gran elenco pasó sin pena ni gloria por las carteleras mundiales a mediados de los noventa. En Chile no llegó a las salas e incluso es difícil encontrarla en los videoclubes por lo que si no hubiera sido por una transmisión vespertina de Cinecanal nunca hubiese conocido esta joyita del cine sencillo y sin pretensiones, una comedia profundamente educativa en lo emocional.
La historia trata de un sujeto cercano a los 40 años, Willie (Timothy Hutton), que trabaja de pianista en bares de New York y que vuelve a su hogar de juventud en New England para una reunión con sus ex - compañeros de colegio en lo que parece ser un viaje más introspectivo que físico. Allí se reencuentra con sus viejos amigos representados por Matt Dillon y Michael Rapaport entre otros. Pero además caerá en los disímiles encantos de Uma Thurma y de una jovencísima Natalie Portman.
No vale la pena extenderme en la trama porque es muy sencilla. Son personajes comunes pero adorables con diálogos e interpretaciones más que creíbles.
Hasta hace poco la veía grabada en un VHS y luego pude encargarla en DVD a la República Argentina pero como sea me la he repetido una y otra vez en diferentes etapas de mi vida para encontrar nuevas enseñanzas, nuevas respuestas o simplemente para pasar un rato como con un grupo de amigos.
Es muy difícil no sentirse identificado con alguna de las situaciones que se describen con la precisión de lo cotidiano y es casi imposible para un hombre no enamorarse de la pequeña Marty (Natalie Portman) entonando “Walk On The Wild Side” de Lou Reed mientras patina en una pista de hielo.
Permítanme entonces hacer una invitación que parece un ruego: véanla por favor.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Un Canto General En Machu Pichu


Hace unos seis años estuve en Machu Pichu en un paseo de aquellos con una patota de, creo, 14 muchachos amigos. Recorrimos ruinas y templos, cada calle y por supuesto cada rincón de la agitada vida nocturna Cuzqueña. Pero el plato fuerte del viaje fue el camino del Inca y la llegada a la ciudad perdida. Especialmente impactante fue el último tramo desde la Puerta del Sol hasta la misma ciudad con mi mochila al hombro y mi personal stereo. En ese personal stereo sonaba mi cassette grabado de Los Jaivas y su tremendo disco de 1981, "Alturas de Machu Pichu".

Me gustaban Los Jaivas, me parecía una mezcla perfecta entre las psicodelía, el rock progresivo y los sonidos "americanistas". Me gustaba el "Alturas de Machu Pichu" pero más me gustaba el disco conocido como "El Indio", pero claro, caminando por las ruinas no podía escuchar otra cosa.

Entonces viví algo cercano a una epifanía. Los sonidos calzaban perfecto y la prosa de Neruda adquiría especial significado cantada por Gato Alquinta en ese preciso lugar. Todo gracias a mi personal stereo.

Hay que escuchar ese disco completo para entender lo grande que son Los Jaivas. Hay que leer el Canto General para confirmar las virtudes de Neruda. Pero hay que esuchar el disco en Machu Pichu para comprender que esa obra es de inspiración sobrenatural.

La Poderosa Muerte, Final y en general el disco completo dan cuenta de intérpretes virtuosos, de un grupo en su mejor momento creativo pero especialmente hablan de unos cuantos dotados que supieron dar con la esencia de una de las siete maravillas y hacerla canción.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Por Una Zapatilla


Mi afición por la música de Led Zeppelin se la debo a una zapatilla. Debo haber tenido unos 11 años cuando comencé a acercarme a la guitarra y la música. Había tenido algunos coqueteos con Bach, Mozart, Kiss, Bon Jovi y lo que fuera que escuchara mi gente.


Estaba en eso cuando conocí al hermano grande de un buen sujeto amigo mío. El tipo este tocaba la guitarra como no me imaginaba que se podía. Yo no sé si era un maestro pero me gustaba pensar que algún día yo podría hacer algo así con la guitarra.


Este tipo usaba unas zapatillas Converse rojas caña baja en las que tenía escrito con su propio lápiz a pasta "Led Zeppelin". Los caminos del señor son misteriosos porque detrás de ese nombre que me sonaba curioso y atractivo se encontraba una de las mejores bandas de la historia de la música que sería mi puerta de entrada a Hendrix, Pink Floyd, the Who y de ahí a una lista interminable que todavía estoy explorando. Es curioso descubrir a un montón de músicos viejos o ya muertos cuando han transcurrido 20 o 30 años de su apogeo, es como si se escucharan por primera vez.


Creo que compré a $2.000 mi primer cassette de Led Zeppelin, el IV. Era una música potente, oscura, con múltiples lecturas. Creo que no me aburrí nunca de escuchar Black Dog, Four Sticks o When The Levee Breaks. A veces dejo de escucharlas solo para volver a ellas como si fuera la primera vez.


No quiero ahora hablar hace de Stairway To Heaven. Solo decir que fue entonces que decidí que en mi funeral iba a sonar Escalera Al Cielo (aunque ahora no esté tan seguro de enterrarme así).


De la zapatilla al cajón en un par de años.

sgt. pepper


No soy un acérrimo fan de Los Beatles. Me gustan tanto como a cualquiera que le guste la música. Quizás un poco más, pero lo que quiero decir es que este no es un homenaje a Los Beatles. Este es un espacio para escribir sobre lo que quiero y porque si.


La alusión al connotado sargento que hiciera su aparición hace ya 40 años tiene que ver con esa imagen mística, conceptual, grandiosa y sencilla a la vez que tiene el Sargento Pimienta.
Más que o además de ser un disco tremendo, para mi significa una ficción creada por necesidad. El sargento pimienta y su banda de corazones solitarios emergieron simplemente para echarse al hombro los pesos que, cual más cual menos, cargaban los cuatro beatles.
Eso y más es el sargento pimienta, eso y menos es este blog.

martes, 4 de diciembre de 2007

Solo Porque Si


¿Por qué elsargento pimienta? porque si
¿Por qué un blog? porque si