
Estoy varado en el aeropuerto de Balmaceda en Coyhaique, XI Región, escuchando John Lennon en mi iPod. Watching The Wheels.
Estoy aquí esperando que arreglen un desperfecto técnico y al parecer tengo para rato. Mucho rato.
Hace mucho rato también John Lennon estaba vivo, caminando en Nueva York rumbo a su departamento en el edificio Dakota luego de una sesión de grabación de lo que iba a ser el sucesor de “Double Fantasy”. Sería su última sesión porque a pocos pasos de su residencia newyorkina un tipo llamado Mark David Chapman (ojo que siempre son dos nombres) le disparó cuatro balazos dándole muerte a las pocas horas. De eso hacen ya 27 años. Y yo estoy aquí en Balmaceda, la reina de los vientos rindiéndole un pequeño homenaje personal.
Tengo un tema con John Lennon. El solo hecho de ser una de las cabezas creativas de los Beatles lo convierte en un genio. Ahora, creo que Paul McCartney fue mejor compositor pero John Lennon tiene un aura de misticismo que agiganta su figura. McCartney es más soso, un personaje menos atractivo. Por algo es más fácil encontrarse con poleras con estampados de Lennon que de los otros beatles.
Ese mismo misticismo se debe en parte a su cruzada por la paz, donde a mi juicio “peinó la muñeca” en demasía. Debo confesar también que me molesta un poco Yoko Ono. Lo siento Sra. Yoko, nada personal.
Pero a pesar de todo eso tengo que decir que tiene canciones memorables. Ese concepto de canción entendida como pequeñas suites que te pueden cambiar la vida, esa sensibilidad pop que tienen algunos iluminados.
Me imagino a John Lennon en el aeropuerto, a la espera de un vuelo retrasado, watching the wheels. “La gente piensa que soy un flojo por soñar mi vida” decía John Lennon en 1980, pero él sólo se sentaba a mirar las ruedas, girar y girar, realmente le encantaba. Hay alguna filosofía en eso, sencilla y antigua, pero una buena filosofía. Un montón de gente que te da consejos, que te advierte, y al final basta con sentarse a mirar la ruedas girar, no hay problemas, hay soluciones.
Yo sigo aquí esperando, sentado mirando el viento en la pampa, no me queda otra y me viene bien eso de soñar mi vida, de sentarme a mirar por ahora mientras sigo escuchando a John Lennon.
Estoy aquí esperando que arreglen un desperfecto técnico y al parecer tengo para rato. Mucho rato.
Hace mucho rato también John Lennon estaba vivo, caminando en Nueva York rumbo a su departamento en el edificio Dakota luego de una sesión de grabación de lo que iba a ser el sucesor de “Double Fantasy”. Sería su última sesión porque a pocos pasos de su residencia newyorkina un tipo llamado Mark David Chapman (ojo que siempre son dos nombres) le disparó cuatro balazos dándole muerte a las pocas horas. De eso hacen ya 27 años. Y yo estoy aquí en Balmaceda, la reina de los vientos rindiéndole un pequeño homenaje personal.
Tengo un tema con John Lennon. El solo hecho de ser una de las cabezas creativas de los Beatles lo convierte en un genio. Ahora, creo que Paul McCartney fue mejor compositor pero John Lennon tiene un aura de misticismo que agiganta su figura. McCartney es más soso, un personaje menos atractivo. Por algo es más fácil encontrarse con poleras con estampados de Lennon que de los otros beatles.
Ese mismo misticismo se debe en parte a su cruzada por la paz, donde a mi juicio “peinó la muñeca” en demasía. Debo confesar también que me molesta un poco Yoko Ono. Lo siento Sra. Yoko, nada personal.
Pero a pesar de todo eso tengo que decir que tiene canciones memorables. Ese concepto de canción entendida como pequeñas suites que te pueden cambiar la vida, esa sensibilidad pop que tienen algunos iluminados.
Me imagino a John Lennon en el aeropuerto, a la espera de un vuelo retrasado, watching the wheels. “La gente piensa que soy un flojo por soñar mi vida” decía John Lennon en 1980, pero él sólo se sentaba a mirar las ruedas, girar y girar, realmente le encantaba. Hay alguna filosofía en eso, sencilla y antigua, pero una buena filosofía. Un montón de gente que te da consejos, que te advierte, y al final basta con sentarse a mirar la ruedas girar, no hay problemas, hay soluciones.
Yo sigo aquí esperando, sentado mirando el viento en la pampa, no me queda otra y me viene bien eso de soñar mi vida, de sentarme a mirar por ahora mientras sigo escuchando a John Lennon.





